El buen diseño está en los detalles

La diferencia entre un buen diseño y uno corriente

Hace unos días estaba viendo las noticias, aunque cada vez las veo menos, y comentaban una de las numerosas Fashion Weeks que se celebran a lo largo y ancho del mundo. El reportaje se centraba, en aquella ocasión, en las grandes dificultades que tenían las modelos para caminar con algunos zapatos de tacón(azo), hasta el punto de doblarse los tobillos, tropezarse e incluso caerse. Los presentadores lo comentaban de forma simpática y anecdótica sin pararse a analizar realmente las causas… pero enseguida me vino a la cabeza una reflexión mientras negaba con la cabeza. ¿Cómo es posible que verdaderas profesionales del desfile tengan problemas tan graves al usar un producto diseñado especialmente para ellas? Productos que además, costarán muchos cientos o miles de euros. Analizándolo desde una perspectiva profesional, uno se plantea varias preguntas de difícil respuesta y que se resumen en ¿Cuándo se convirtió el diseño en una disciplina meramente estética? Estamos hablando de moda, utilizándola simplemente como un ejemplo, pero se puede llevar esto a cualquier vertiente del diseño.

Se puede entender que en ciertos sectores, y más hoy en día, es necesario diferenciarse y destacar sobre el resto llegando a veces a crear productos de dudoso gusto (para gustos, colores). Cuando la competencia es tan feroz, la publicidad y los medios de comunicación logran convertir productos en objeto de deseo y el consumo cada vez es más impulsivo. Todos queremos que nuestros diseños se vendan y triunfen pero los diseñadores y las marcas deben, o deberían, mantenerse al margen y conservar un mínimo de ética para ofrecer productos de calidad. No me puedo creer que unos zapatos lleguen a una pasarela sin haber pasado ciertos tests de calidad. Es necesario tener en cuenta que lo principal en un producto es y debe ser que éste funcione bien y resuelva un problema a su usuario por encima de todo lo demás. De lo contrario no solo se banaliza la profesión del diseñador sino que se asocia ésta a lo que no es. Por otro lado, el cliente debe exigir calidad y no conformarse con algo que por muy bonito, sea incómodo hasta el punto de provocar accidentes.

La diferencia entre un buen diseño y uno corriente suele estar en los detalles que marcan que un producto guste más, funcione mejor o sea más valorado por su dueño. Pero hay principios elementales que nunca se deben perder de vista. Una silla es para sentarse cómodamente y unos zapatos son para caminar.

*Este artículo fue publicado originalmente en la revisa CYAN Magazine donde colaborábamos.

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