Diseñando para uno mismo. Cuando el autor se sitúa por encima de su obra

Egos, vocación y firmas en el diseño

Se podría definir el ego como un amor propio desmedido o, como dice la RAE, un exceso de autoestima. Un concepto que a todos nos es familiar y que, en mayor o menor medida, a todos se nos puede achacar en algún momento aunque nos joda un poco reconocerlo.

Aquellos que ejercemos profesiones relacionadas con la creatividad, como es el caso del diseño (sea cual sea la especialidad) solemos dedicarnos a éstas por vocación, por satisfacción personal y desde cierta perspectiva egoísta… tengo que compartir con el mundo lo que tengo dentro. Es necesaria una gran dosis de amor propio para considerar que tus ideas pueden gustar al público, ya sean éstas en forma de producto, ilustración, diseño de estampados para camisetas, imagen de marca, diseño de moda, una fachada para un edificio público… etcétera, aunque, de la misma manera, es todo un reto personal enfrentarse a un papel en blanco con el objetivo de transformarlo en algo de valor para las personas. Podríamos aquí establecer una diferencia entre los que afrontan cada situación como un reto a resolver y los que quieren dejar su impronta en la HISTORIA.

Sin embargo, los profesionales no pueden perder la perspectiva de que trabaja para el público y no para sí mismo, o corre el riesgo de cometer el grave error de crear por y para su satisfacción personal, perdiendo la perspectiva que se le supone y dejando de lado en el proceso detalles que separan un gran trabajo de uno mediocre. Obviando el principio fundamental en el diseño que dice que La forma sigue a la función, y nunca al revés. Ejemplos en este sentido, abundan en todos los ámbitos relacionados con la creatividad y flaco favor le hacen a la profesión.

Por otra parte, y por desgracia, la industria suele recurrir a los profesionales por el nombre, valorando la firma por encima del talento y vinculando directamente al diseñador con la estrategia de marketing empresarial, cuando el sentido práctico del diseño se debería vincular a un departamento de I+D.

Los diseñadores no son los que han de dar valor a una firma, sino su trabajo, de lo contrario se frivolizan estas profesiones y se alejan de su objetivo último entrando en un terreno pantanoso donde se difumina la separación entre el diseñador y el artista.

Este artículo fue originalmente publicado en la revista CYAN Magazine

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